DESPERTAR PARA RESPIRAR


"Vamos a despertarlo y a quitar el respirador. Venir los dos papás porque es un momento crítico. Os necesitamos a los dos aquí para que lo tranquilicéis"


Saltan las emociones. Alegría, esperanza, preocupación, miedo... muerte.


Entras corriendo a la UCI, pero antes el ritual de seguridad, lavar minuciosamente las manos, echar gel hidroalcohólico y ponerte una bata.


Cruzas con horror esa sala llena de aparatos y pitidos y ves a tu hijo de 23 meses en brazos de su mamá. Sientes un segundo de paz al verlo en sus brazos, pero no hay tiempo para más. Corres a poner una silla a su lado.


Allá vamos, final o esperanza, solo dos caminos y lo decide la fortaleza de Mateo.


"Ya le hemos quitado la sedación, se irá despertando y según vaya siendo consciente del tubo de respiración se agobiará más, pero debemos esperar hasta que esté lo suficientemente despierto y sea seguro quitárselo para que pueda respirar por él mismo, entre una y dos horas. Hay que aguantar el tirón".


La tensión se acumula, respiras para coger fuerzas y comienza el despertar. Mateo se empieza a mover, al principio son unos segundos y se tranquiliza. De momento es controlable. Pasa el tiempo y los movimientos son ya muy fuertes y lo tenemos que sujetar los dos. Se alternan periodos de tranquilidad y momentos de angustia.

"¡¡Abre los ojos Mateo!!"


No puede, lo intenta, pero pesan mucho. ¡¡Vamos Mateo!!


"Dejar al niño en la cama, vamos a extubarle"


Su mamá le deja en su cama y nos abrazamos. Es el momento.

Ya no tiene tubo, ya respira solo, con ayuda de oxígeno, pero solo.


¡¡Lo ha conseguido!! Un pasito más.

Adelante guerrero 💪💪


Tu papá, Mateo

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